03--"Trisdenia"


Antonella miro su entorno, las paredes grises de concreto que la contenían seguían allí, su corazón acelerado parecía angustiarse en una intuición que se convertía en mera fantasía. De su rostro se borró la sonrisa y sus ojos se volvieron vidriosos y rebalsaron lágrimas de desconsuelo, decepcionada se sentó en la cama y oculto su cara entre sus manos, cuando un sonido chispeante llegó hasta sus oídos y erizó los bellos de su piel... Una luz intensa la envolvió, cegándola por completo, en segundo sintió su estómago revolverse y un mareo insoportable invadió su mente, su cuerpo parecía liviano pero imposible de mover y el espacio se tornó vibrante y etéreo ella no era más que un suspiro en el viento y cuando por fin la luz cesó... Ella abrió sus ojos confundida y aún muy descompuesta, tanto así que no lograba ponerse en pie.

"Donde... ¿Dónde estoy? “Preguntó trémula y confusa, estaba en lo alto de una torre observando un lejano horizonte de dantescas construcciones y de cielo oscuro y cubierto de cientos de máquinas que se desplazaban en distintas direcciones, pero de forma ordenada.

Los ojos de Antonella recorrieron todo el paisaje, el pequeño espacio que la sostenía estaba limitado con una escultura de aspecto humanoide y tenías alas en reposo.  Antonella tocó la superficie de piedra de la escultura, estaba fría y porosa, el palparla lo hizo real, su mente necesitaba que fuera real, pero estaba atrapada y sola en un lugar desconocido con un mundo de sonidos nunca antes escuchados por ella, aun así, Antonella estaba fascinada.

"Estas en Trisdenia" Dijo una voz grave y un tanto distorsionada, la mujer giró su rostro con temor esperando hallar a ese alguien... Pero sus ojos parecían engañarla pues nadie la acompañaba.

"¿Dónde estás?" Preguntó tímida. “Justo frente a ti." Respondió la voz y aquel tono se deformaba igual que una mala frecuencia.

02--"Antonella"


Con el pasar de los años, Antonella aún recordaba el olor a metal filtrándose por su nariz, llenando sus pulmones, ahogándola, cualquier objeto quemado la trasladaba a aquella sala carbonizada en donde su esposo había desaparecido.

En aquel tiempo ella poco sabía lo que le deparaba el futuro, al comienzo solo fueron las murmuraciones, "A matado a su esposo y ha ocultado el cuerpo" Decían.

Luego vinieron las investigaciones, la policía, pero tan pronto Antonella relató la historia de la desaparición de Marco, se presentaron los psiquiatras quienes evaluaron su estado mental.

"Sufre una severa distorsión de la realidad, probablemente el trauma del hecho ha ocultado el incidente en su subconsciente, no hay duda de que su condición mental es inestable, potencialmente paranoica." Luego de aquello fueron años de reclusión psiquiátrica, día tras día vio su belleza opacarse, perdió la fantasía de rulos que acompañaba su rostro moreno, y el gesto infantil que caracterizaba su sonrisa quedó en el olvido en aquellas frías salas de concreto, rodeada de enfermos.

Los auxiliares del lugar la escuchaban decir siempre lo mismo" Tres cabecitas, seis manitas, seis piecitos" Y las frívolas trabajadoras suponían que eran frases sin sentido, aunque eso no era cierto, Antonella recordaba haber dado a luz a tres bebés durante los primeros meses de internación.

A pesar de saber y sentir en su entraña que la semilla de la maternidad había fecundado le era negada esa realidad, aludiendo que ella solo lo imaginaba, así pasaron los años y aunque la sedaban y sometían a extraños exámenes, en su mente recordaba, tres cabecitas, seis manitas y seis piecitos.

Cada día era igual al anterior y en la mente de Antonella parecía que solo era un día que se repetía vilmente, pero era incapaz de oponerse, su voluntad estaba doblegada por los narcóticos, y su mente confusa por los tratamientos, todo hacía pensar que aquel edificio de paredes grises vería el final de sus días, solo que no fue así. Fue una noche que ella vio una luz colarse por su puerta y supo por instinto que venían por ella, así como habían ido por su esposo, fue un segundo de sublime claridad mental, pudo tener miedo, pudo querer huir...Pero no, supo que el momento de la revelación había llegado y en su. frágil semblante se dibujó una sonrisa, y Antonella envuelta en un humilde atuendo de lino y algodón se puso de pie a la espera de lo asombroso.


01--"Del Infierno Vengo a Traerte Noticias"

Las historias que solía contarle su madre cuando era pequeña ahora tenían sentido, esas monstruosas anécdotas de las cuales huía su progenitora casi como una acechante paranoia que las tenían a ella y a su hermano y hermana en constante viaje, en ahogante suspenso y miedo. Los trillizos más buscados eran ellos las dos niñas y el varoncito, una extraña genética los hacía únicos.
“Las Lunas en el cielo te dirán donde estas.” Decía su madre, y los rostros de los tres infantes con sus miradas confusas vivían en el tormento de despertar bajo el cielo de Tres Dianas.
Cuanta locura tenía en los ojos su madre, una mirada castaña llena de espanto y líneas profundas que el tiempo y la tristeza dibujaron. En su pobre aspecto, la mujer de edad mediana había intentado mantener ocultos a sus pequeños, pero el destino incierto para ella ya estaba trazado y aquello que temía logró alcanzarla, por eso sus hijos sufrieron un destino no menos desafiante que el de ella.
Ya el tiempo casi había hecho olvidar el nombre de Antonella Caruso, así como el tiempo había borrado la existencia de Marco Muzio, el padre de los niños, y como si un destino los reclamara sus hijos fueron desapareciendo también, solo una quedaba y vivía marginada a la sombra de la noche, porque la niña ahora mujer sabía que era en la noche cuando debía estar vigilante.
Milena asomó su rostro por la ventana, sus ojos ámbar contemplaron la esfera de plata, tan pálida como ella, y tan solitaria también, sí, ya la luna estaba en lo alto.