Antonella
miro su entorno, las paredes grises de concreto que la contenían seguían allí,
su corazón acelerado parecía angustiarse en una intuición que se convertía en
mera fantasía. De su rostro se borró la sonrisa y sus ojos se volvieron
vidriosos y rebalsaron lágrimas de desconsuelo, decepcionada se sentó en la
cama y oculto su cara entre sus manos, cuando un sonido chispeante llegó hasta
sus oídos y erizó los bellos de su piel... Una luz intensa la envolvió, cegándola
por completo, en segundo sintió su estómago revolverse y un mareo insoportable
invadió su mente, su cuerpo parecía liviano pero imposible de mover y el
espacio se tornó vibrante y etéreo ella no era más que un suspiro en el viento
y cuando por fin la luz cesó... Ella abrió sus ojos confundida y aún muy
descompuesta, tanto así que no lograba ponerse en pie.
"Donde...
¿Dónde estoy? “Preguntó trémula y confusa, estaba en lo alto de una torre
observando un lejano horizonte de dantescas construcciones y de cielo oscuro y
cubierto de cientos de máquinas que se desplazaban en distintas direcciones,
pero de forma ordenada.
Los ojos
de Antonella recorrieron todo el paisaje, el pequeño espacio que la sostenía
estaba limitado con una escultura de aspecto humanoide y tenías alas en
reposo. Antonella tocó la superficie de piedra de la escultura, estaba
fría y porosa, el palparla lo hizo real, su mente necesitaba que fuera real,
pero estaba atrapada y sola en un lugar desconocido con un mundo de sonidos
nunca antes escuchados por ella, aun así, Antonella estaba fascinada.
"Estas
en Trisdenia" Dijo una voz
grave y un tanto distorsionada, la mujer giró su rostro con temor esperando
hallar a ese alguien... Pero sus ojos parecían engañarla pues nadie la
acompañaba.
"¿Dónde
estás?" Preguntó tímida. “Justo frente a ti." Respondió la voz y aquel
tono se deformaba igual que una mala frecuencia.
