02--"Antonella"


Con el pasar de los años, Antonella aún recordaba el olor a metal filtrándose por su nariz, llenando sus pulmones, ahogándola, cualquier objeto quemado la trasladaba a aquella sala carbonizada en donde su esposo había desaparecido.

En aquel tiempo ella poco sabía lo que le deparaba el futuro, al comienzo solo fueron las murmuraciones, "A matado a su esposo y ha ocultado el cuerpo" Decían.

Luego vinieron las investigaciones, la policía, pero tan pronto Antonella relató la historia de la desaparición de Marco, se presentaron los psiquiatras quienes evaluaron su estado mental.

"Sufre una severa distorsión de la realidad, probablemente el trauma del hecho ha ocultado el incidente en su subconsciente, no hay duda de que su condición mental es inestable, potencialmente paranoica." Luego de aquello fueron años de reclusión psiquiátrica, día tras día vio su belleza opacarse, perdió la fantasía de rulos que acompañaba su rostro moreno, y el gesto infantil que caracterizaba su sonrisa quedó en el olvido en aquellas frías salas de concreto, rodeada de enfermos.

Los auxiliares del lugar la escuchaban decir siempre lo mismo" Tres cabecitas, seis manitas, seis piecitos" Y las frívolas trabajadoras suponían que eran frases sin sentido, aunque eso no era cierto, Antonella recordaba haber dado a luz a tres bebés durante los primeros meses de internación.

A pesar de saber y sentir en su entraña que la semilla de la maternidad había fecundado le era negada esa realidad, aludiendo que ella solo lo imaginaba, así pasaron los años y aunque la sedaban y sometían a extraños exámenes, en su mente recordaba, tres cabecitas, seis manitas y seis piecitos.

Cada día era igual al anterior y en la mente de Antonella parecía que solo era un día que se repetía vilmente, pero era incapaz de oponerse, su voluntad estaba doblegada por los narcóticos, y su mente confusa por los tratamientos, todo hacía pensar que aquel edificio de paredes grises vería el final de sus días, solo que no fue así. Fue una noche que ella vio una luz colarse por su puerta y supo por instinto que venían por ella, así como habían ido por su esposo, fue un segundo de sublime claridad mental, pudo tener miedo, pudo querer huir...Pero no, supo que el momento de la revelación había llegado y en su. frágil semblante se dibujó una sonrisa, y Antonella envuelta en un humilde atuendo de lino y algodón se puso de pie a la espera de lo asombroso.


2 comentarios:

  1. Y pensar que hay historias verdaderas muy parecidas a la de "Antonella"...
    Cariños agradable Yoi., Cuídate siempre.!

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    1. Pues que la luz traiga verdades y disipe los temores amigo mío.
      Saludos!

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