Las historias que solía contarle su madre cuando era pequeña ahora tenían
sentido, esas monstruosas anécdotas de las cuales huía su progenitora casi como
una acechante paranoia que las tenían a ella y a su hermano y hermana en
constante viaje, en ahogante suspenso y miedo. Los trillizos más buscados eran
ellos las dos niñas y el varoncito, una extraña genética los hacía únicos.
“Las Lunas en el cielo te dirán donde estas.” Decía su madre, y los rostros
de los tres infantes con sus miradas confusas vivían en el tormento de
despertar bajo el cielo de Tres Dianas.
Cuanta locura tenía en los ojos su madre, una mirada castaña llena de
espanto y líneas profundas que el tiempo y la tristeza dibujaron. En su pobre
aspecto, la mujer de edad mediana había intentado mantener ocultos a sus
pequeños, pero el destino incierto para ella ya estaba trazado y aquello que
temía logró alcanzarla, por eso sus hijos sufrieron un destino no menos desafiante
que el de ella.
Ya el tiempo casi había hecho olvidar el nombre de Antonella Caruso, así
como el tiempo había borrado la existencia de Marco Muzio, el padre de los
niños, y como si un destino los reclamara sus hijos fueron desapareciendo también, solo una quedaba y vivía
marginada a la sombra de la noche, porque la niña ahora mujer sabía que era en
la noche cuando debía estar vigilante.
Milena asomó su rostro por la ventana, sus ojos ámbar contemplaron la esfera
de plata, tan pálida como ella, y tan solitaria también, sí, ya la luna estaba
en lo alto.

Hey Hey..., agradable Yoi, de vuelta por estas senda...
ResponderEliminarAtrapante historia la de las "Tres Dianas".
Bueno, tendremos que esperar a la próxima entrega...
Cariños amiga. Cuídate.!!
Hola amigo mío!!
EliminarGracias, me animas!